Estaba cenando con el tenedor en una mano y el móvil del trabajo en la otra.
Las once y veinte de la noche y el tercer «¿a qué hora abrís mañana?» del día.
Un asistente que contesta a tus clientes, gestiona tus citas y rellena los huecos de tu agenda. Tú no tienes que estar pendiente.
Contesta ahora mismo. Pregúntale lo que quieras.
Estaba cenando con el tenedor en una mano y el móvil del trabajo en la otra.
Las once y veinte de la noche y el tercer «¿a qué hora abrís mañana?» del día.
La sexta vez que abría la agenda buscando un hueco para alguien.
La octava que sacaba boli y papel para cuadrar la tarde siguiente, porque se me había caído otro cliente a última hora.
Mis hijos ya se habían levantado de la mesa.
No me enteré de cuándo.
Esa noche me lo prometí: mañana busco algo que me quite esto de encima.
Mañana sin falta.
Me levanté a las siete. Desayunos, mochilas, un calcetín que no aparecía. Salí corriendo.
En la puerta del local me esperaba el fontanero. El baño llevaba dos días sin funcionar y se me había olvidado que venía.
Primer cliente a las nueve. El segundo apareció a las nueve y cuarto, aunque su cita era a las diez.
Entre uno y otro, WhatsApps: el precio de siempre, el horario de siempre, «¿me cambias lo del jueves?».
Comí de pie. A las cinco y media, a por el pequeño al colegio.
A las once y veinte, el móvil del trabajo otra vez al lado del plato.
No había buscado nada.
Se lo conté a mi amigo Manolín, tomando unas cañas y unos frutos secos de esos que traen gominolas del osito, más por quejarme que por otra cosa.
Me dijo que un amigo suyo, Juan, tenía un asistente que le contestaba el WhatsApp y la web.
Y que ahora Juan iba al gimnasio por las tardes.
Juan. Que no había pisado un gimnasio en su vida. Que nunca podía quedar porque estaba siempre liadísimo.
Le pedí el enlace allí mismo.
Esa noche lo probé.
En diez minutos le había pasado mis precios y mis horarios. Le hice la pregunta de siempre.
Contestó mejor que yo a las once y veinte.
«Ahora el día me da para más.»
Dice que mete cinco citas más a la semana: las de los huecos que antes se le quedaban vacíos. Al gimnasio no ha ido. Eso se lo deja a Juan.
Habla con nuestro agente. Te contesta a cualquier hora.
A la hora de cenar no, que estarás con tus hijos al lado.
No hace falta que le des nada real para probarlo: invéntate los precios si quieres. Si al final te interesa, él mismo te dice cómo seguir.